NACIDO DEL FUEGO
Egon existe. Sorteado por
el destino, existe en una época donde se le da lugar al dolo. Existe, duele,
sangra.
Y las horas
pasan, estando acostado, despierto desde temprano, las horas pasan. ¿Qué estará
pensando?
Sabe su rutina de hoy, sabe qué tiene que hacer. Tiene mascotas que alimentar, tiene una casa que asear y una madre que llevar al aeropuerto. Porqué en esta época, la independencia es para quien sufre y no una cuestión de honor o madurez. Qué mas da, después de todo a Cecille no le queda mucho tiempo, ¿No fue acaso la madre mas dedicada, la persona mas gentil que jamás conoció? compartir con ella estos últimos años, haría de su recuerdo un refugio de paz. En el futuro podría volver, saber que no todo lo acabado por si mismo es enterrado y olvidado.
El tiempo depende del ritmo que yo le otorgue, mi pasado es un único sentimiento, el futuro es la incertidumbre amorfa, de mi carácter impulsivo.
Yo creía que Egon era sencillamente aséptico, dada su forma de componer, logra ser bastante minimal y es aficionado a escenarios turbulentos. Es por eso que me sorprendió la primera vez que se acerco a mi. No aparentaba interés en nadie, hasta entonces.
Estudia letras, porque para trabajos físicos no sirve, porque historia era demasiado largo, porque idiomas era a sobremanera aburrido. De esta forma su obsesión por las reglas gramaticales y el hambre constante por descubrir nuevos mundos se creían satisfechos.
Si olvidamos como amar, como querer, nos convertimos en salvajes.
Mas no es del todo cierto. Al saber que nuestro instinto mas salvaje nace del sentido de pertenencia promovido por el sentir mas puro, el valor del querer.
Egon existe, es mi rival.
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