Martes

 Tu imagen se aleja por el ventanal al final del 179, los asientos están calientes del sol que los mancilló durante la mañana irremediablemente calurosa.

Este clima asfixiante y yo necesitamos lluvia. Ojalá caiga un torrencial para apaciguar el incendio, que alivie esta fiebre incontrolable, irónica, que comienza a germinar desde mis entrañas, justo cuando el conductor de un volantazo te deja fuera de mi vista.

Siento hasta el último de tus besos y la tibieza de la piel sobre mis labios, reciente, fresca.

Es extraño el magnetismo de los cuerpos que se rechazan entre sí, se atraen, para nunca acabar de tocarse. Te extraño, siendo esta una explícita despedida al medio día, un hasta más tarde.

Te busco en las horas más solemnes. En el destello de noches pasadas, te encuentro bello, vagabundo, deambulante entre la masificación de una juventud ansiosa y pedante.

Te encuentro brillante, juvenil e interesante. Sos único y perfecto en tu espécimen, en calidad de impresionante, resaltas entre la multitud gris, en colores de gloriosa vida. Tus colores vibrantes.

Si por casualidad te encuentro.

Lo repaso con la mirada, camino en slow motion, me detengo a pensar, si nos sincronizamos y si por casualidad te encuentro en plena calle Corrientes. Tengo que saber que no alucino y que es real, estás frente a mi, te reconozco cuando me dejas verte.

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