Cinema Roll

 Frío, un cuerpo frío que desea ser calentado, destaca entre el gris. Recorre lentamente este olvidado cuarto.


Caminaba lento, una pierna cojea, se arrastra junto con la mugre del suelo de maderos quebrados. Una pierna cojea, extiende una mano al calor.

Pero decae el pulso y una cama salva el cuerpo.


Era casi una ficción, una acción premeditada, estudiada.

Con milimétrica precisión,  las mantas lo reciben, el calor lo envuelve.


Cuerpos solitarios, cuerpos olvidados por el ácido frío. Un ardor, que cala las estructuras más firmes.


Destruye su lado más solemne, lo envuelve.

Abraza con fulgor su ausencia, se quema.


Tenían las narices rojas casi peladas por lo seco, los dedos de las manos entumecidos, de todo tocar.

Una pierna cojea.

Hasta que asoma la mañana y todas las sombras errantes regresan trémulas a su lugar. Cada cosa retoma la vida que la noche deja en pausa, y ese cuarto, envuelto en un gélido aliento sepulcral reencarnó en aquel nuevo encuentro; hablando más melódico, dulcemente entonado, que el recuerdo de la noche anterior.


La fascinación, del amor al odio.


Los invadió el sol, los sincero el calor.

Nos tocó otra vez y sin rencor, el amor después del amor







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