San Valentin en Titanic
Pido un doble cuarto de libra, me preguntan que: de qué tamaño. Cuando ofrecen la versión XL, por costumbre digo que sí.
Me entregan el pedido y para buscar un asiento, una mesa, sin querer, sin pensar demasiado me siento en una esquina, a una mesa de la puerta de acceso a la terraza. Terraza, patio, de parejas, terraza o sector de fumadores. No hay lugar para un solitario, en ninguna parte hay mesa para uno.
Durante la película tuve la baga idea, respecto a encontrar un compañero como si Titanic fuese película para ver solo. Guarde esas esperanzas hasta el último momento, cuándo tuve la intensión de saludar a alguien que vi avanzar por el pasillo únicamente con un abrigo en su brazo.
Un hombre solo, se sentaba en la fila de atrás, detrás de mí. La emoción es instantánea. A quién más se le ocurre salir por su cuenta a ver una película de James Cameron, necesitaba hablarle.
Curiosamente al salir del pasillo al salón principal, otro hombre lo esperaba, un amigo, una pareja. Interesa poco, alguien lo esperaba.
Él llevaba un morral, el otro tenía una mochila entre sus piernas. Fue extraño no tener ganas de mirarlos en absoluto, pronto a saber que no estaban solos.
Escuché a ambos conversar, escuché al hombre cantar. Fue una buena función, para ser un reestreno.
Ahora éramos tres, incluso pensamos lo mismo al decidir dónde cenar. Pero yo ya no los escuchaba, no los miraba.
Quizá nos sentamos cerca, aunque yo le daba la espalda a todo el salón, como de costumbre.
Me escondí en una esquina, a observar, no a mis espaldas mejor aún, al frente. La distinción de un sector exclusivo para fumadores cruzando la puerta, a un lado únicamente los clientes de like pasta. Es así que siempre me encuentro solo, en silencio, y observando. El comportamiento del mundo, de la gente a mí al rededor.
La ventana no está tan lejos, así es que además, tengo vista al exterior de esta burbuja.
Me comporto algo extraño, salgo de la sala, ceno, tomo un café por las dudas para recuperar el calor, leo el libro, le doy un sorbo a todas esas palabras. Invento charlas y discursos.
Estoy solo otra vez.
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