I might as well be over the moon
Últimamente cada vez que me subo encima tuyo, viene en oleadas el recuerdo de la primera vez.
La primera vez que besé tu cuello y gustaba a jazmín
La primera vez que logré montarme sobre tus caderas; al ver tu cara relajada. El poder de sentirte mío. Creciente en mi vientre el placer, presente en todo mi cuerpo, por el hecho de tenerte.
En ese preciso instante me derrito.
Hoy después de cinco años, cada primera vez la recuerdo con pasión.
El aroma almibarado a miel justo en el centro de tu cuerpo, la cordura de tu cintura, el sabor agridulce de tu escencia.
Tu aliento, cuando en un beso lleno de éxtasis se te escapa en un suspiro gozoso de mi.
Tu sexo dulce, la salvia brillante, el sudor que yace fresco en lo extenso de tu ser, entonces me convierto en un turista recorriendo con asombro cada parte tuya.
La primera vez que únicamente con el tacto de mis plantas logré que te vengas sobre mi.
Cada palabra proferida, el susurro caliente justo en mi oído, en la carrera al estallo.
Recordaré por siempre la sorpresa y gusto que supo proveer mi cadera en esa danza serpenteante, una mariposa.
¡Que suave tu piel!
¡Que deleite tu cuerpo! Me embriaga, y reposo en su mullida faz.
Esperando a que te duermas, escalo tu pecho camino a tus labios, beso tu nariz.
Soy inmensamente feliz.
Como la primera vez que en plena confianza envolviste con ambas manos mi cintura.
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